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EL 8M Y LA LUCHA POR LOS DERECHOS DE LA MUJER 
Desde hace siglos, las mujeres han tenido que luchar para ser reconocidas como iguales de los hombres. En palabras de Angela Davis: “El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”.   

El 8 de marzo de 1909, 15.000 trabajadoras se manifestaron en Nueva York para pedir mejores condiciones laborales, igualdad de sueldo y derecho de voto. A partir de ese día, el 8 de marzo se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres. 

En este día tan especial, reivindicamos la igualdad en todos los aspectos de nuestras vidas privadas, públicas y laborales. Nos rebelamos contra todas las formas de discriminación de género y contra la violencia que se sufre por ser mujer. ¡No queremos ser valientes, queremos ser libres! Y damos voz a todas las mujeres que no lo la tienen. 

NI HOMBRE, NI MUJER: ¡DEPORTISTA! 
La discriminación de las mujeres en el deporte es obvia.  

En 2019, solamente el 59% de las federaciones deportivas españolas contaba con un plan para prevenir y combatir la desigualdad de género, y solo un 25% de mujeres ocupaban puestos en los órganos de dirección del conjunto de las federaciones.  

Aun oímos insultos sexistas en las gradas o comentarios que diferencian entre los “deportes de chicos” y los “deportes de chicas”. 

A pesar de todo, la cosa ha ido mejorando. Muchas mujeres no dudaron en desafiar el estatus quo.  Como Katherine Switzer, cuando en 1967 desafió la prohibición que impedía a las mujeres competir en una maratón. O las mujeres del primer equipo del Barça femenino que jugaron su primer partido el 25 de diciembre de 1970 en el Camp Nou. 

Hoy en día cada vez más niñas practican deporte, y el deporte femenino va saliendo de la penumbra, especialmente en lo que respecta a las secciones de élite. Pero aún queda mucho camino para llegar a la igualdad en el mundo del deporte. 

Las diferencias económicas, sociales y en la repercusión mediática entre el deporte masculino y femenino siguen siendo abismales. En el caso del fútbol profesional español, no fue hasta el año pasado, y solo después de semanas de huelga, que las mujeres consiguieron un acuerdo por el que se establece un salario mínimo de 16.000 € brutos anuales para las jugadoras. En comparación, el salario mínimo bruto anual de los jugadores es de 155.000 €; es decir, casi 10 veces más.  

EL FÚTBOL FEMENINO, LÍDER EN LA LUCHA 
Desde 2015 han surgido muchos movimientos liderados por equipos nacionales de fútbol femenino, desde Noruega a Irlanda y desde Nigeria a Australia. 

La mayor aportación a la lucha fue sin duda la implicación de la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos, hoy en día el mejor equipo del mundo. En 2016 y 2019 presentó denuncias contra la Federación de fútbol estadounidense por discriminación salarial y reclamó igualdad en las condiciones de trabajo además de un pago de 67 millones de dólares de compensaciones.  

Finalmente, fueron los tribunales quienes decidieron, garantizando avances significativos en los sueldos y un acuerdo sobre igualdad de condiciones de juego, de desplazamientos y de tratamiento del equipo. Si bien con este movimiento la selección femenina estadounidense de fútbol se convirtió en un ejemplo para muchas secciones de deporte femeninas, la lucha no ha concluido con ese acuerdo.  

Las diferencias de dotaciones al nivel mundial, especialmente en el fútbol, siguen siendo enormes. La FIFA distribuyó 400 millones de dólares en premios por la Copa del Mundo de fútbol masculino de 2018, frente a 30 millones de dólares por la Copa del Mundo femenina de 2019.  

PASO ATRÁS CON LA PANDEMIA: LA LUCHA SIGUE 
La pandemia ha castigado duramente el deporte femenino, que ha sido el más afectado por la crisis derivada de la emergencia sanitaria, ya sea por razones económicas, con clubes más débiles, o por los contratos más precarios de las deportistas profesionales.  

Además, las diferencias en el tratamiento de los campeonatos masculinos y femeninos ha implicado un retroceso importante en la visibilidad del deporte femenino y en el camino hasta la igualdad, especialmente en las secciones no profesionales, que han tenido que parar toda actividad por las medidas sanitarias. 

Aunque las huelgas del 8M son cada vez más masivas, y a pesar de que muchas cosas han cambiado en nuestra sociedad y en el mundo del deporte, no hay que olvidar todo el camino que todavía queda por recorrer.  

Queremos celebrar este 8 de marzo alegrándonos de todos los logros conseguidos, al tiempo que seguimos reivindicando y luchando para poner fin a la discriminación por razones de género y conseguir una igualdad real. 

¡Feliz 8 de marzo! 

 

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